Acantilados de Loiba

Las vistas desde los acantilados de Loiba, es uno de los mejores paisajes del mundo según la Unesco.

Para los amantes del paisaje Loiba, lo tiene todo porque no tiene nada artificial es pura naturaleza. Una vez a qui sólo queda respirar el olor a mar, y relajarse con el sonido de las olas chocando contra las rocas.

 

        The best cliffs of the world

Esta fotografía nocturna de Dani Caxete está entre las elegidas en la sexta edición del Earth and Sky Photo Contest on Dark Skies Importance, un concurso de prestigio que busca los cielos nocturnos más bellos del mundo.

Loiba

Loiba.

En Loiba finaliza el ayuntamiento de Ortigueira por el este. Esta parroquia de Tradición agraria es una de las más extensas del municipio. Tiene amplias llanuras que se pierden entre las vertientes occidentales de la Serra da Faladoira -Coriscada y los altos de O Viso y Rande-. En estas cimas se explotan las canteras de pizarra.

Cruzan Loiba varios ríos -entre ellos el de Esteiro- que recogen las aguas del Grota, en el lugar de A Feira. Van a desembocar al arenal del mismo nombre, tras cruzar unos tremedales de interés ornitológico.

Acantilados en la costa de Loiba

Acantilados de Loiba.

La costa de Loiba es la más salvaje del Ayuntamiento. Entre impresionantes acantilados perforados por cuevas -llamadas furnas- en su parte baja, se abren a las aguas de la Ría exterior las playas de O Picón y Coitelo. En estos arenales encontramos un curioso muelle, donde las lanchas se sostienen en la ladera por roldanas para evitar que las lleve la pleamar.

En o Campo da Feira se levantó una capilla en honor de San Andrés. Hay otra capilla en el montañoso casal de Soutomoro, dedicada en este caso a la Virgen del Carmen.

Destaca por último la iglesia parroquial de Loiba, reconstruida en el siglo XX con gusto gótico sencillo. Le da nombre al lugar en el que está situada, donde encontramos también la antigua casa rectoral y el Grupo Escolar que los loibeses costearon por suscripción popular.

A cantilados y playas de Loiba

Playa de O Picón.

Los acantilados de Loiba, esconden bajo sus erosionadas rocas seis inmensas playas, de arena suave, teñidas con los colores de los sedimentos marinos, salvajes, deshabitadas, donde el mar campa a sus anchas e impone su única ley. Desde los pétreos escarpes que desafían al mar y utilizan las gaviotas para su reposo, el viajero puede vivir deslumbrantes atardeceres sobre la apacible ría de Ortigueira que asciende tierra adentro, el cabo Ortegal que navega en las profundas agua del Atlántico como un rompe olas recortando su silueta sobre el perfil del horizonte, roto por la secuencia del viento y el batir del mar. Un lugar donde los escasos bañistas, por las dificultades del acceso, gozan de la belleza de este rincón secreto de Galicia, sin que nadie les moleste, rodeados por una naturaleza salvaje, preñada de tonalidades y de inquietantes secretos que el mar descubre con su enérgico oleaje y inauditos susurros.

Acceso a los arenales

Acantilados de Loiba y al fondo Estaca de Bares.

El acceso a los seis arenales de Loiba se hace por pequeñas sendas que descienden zigzagueando por los acantilados tapizados por un mosaico vegetal de escaso porte azotado por el viento marítimo, en algunos casos el sendero se convierten en escaleras talladas en la roca por los pescadores o asiduos del lugar.

El de O Picón, Ribeira Grande, Ribeira do Carro, Os Castros, Gaivoteira y O Coitelo, son calas que invitan al placer, la libertad y el baño integral en medio de la salvaje naturaleza, un bien cada vez más escaso en las costas de la Península Ibérica.

Aunque se suceden unas con otras, las playas de Loiba son muy diferentes en su formación y en la arena que las cubre. En Os Castros, la arena es de color grisáceo como los acantilados que la protegen y de grano gordo, y en los fondos marinos se suceden los montículos de roca recubiertos de una gran variedad de algas, crustáceos y otras especies marinas, con aguas verde esmeralda, trasparentes y limpias.

A Pena Furada

Pena Furada.

A Pena Furada, es una mole rocosa realmente impresionante.

Cuando el mar esta agitado, las olas rompen contra la piedra en una sonoridad y una paleta de colores alucinante.

Si levantáis la mirada hacia el horizonte podéis descubrir en la lejanía el cabo Ortegal, y su faro.